Cultura:
verificación de la experiencia, acción política, ecumenismo
La vida de GS primero y de CL después
se ha caracterizado siempre por una fecunda actividad cultural. La vivacidad
cultural de CL nace de la pasión por verificar la capacidad de la fe cristiana
para ofrecer un criterio más fecundo y completo en la lectura de la realidad
y de los acontecimientos. La sugerencia de san Pablo: "Valorad todo y quedaos
con lo bueno"36 es para CL la mejor definición del trabajo cultural:
todo, en efecto, se puede abordar teniendo como criterio la claridad sobre el
hombre aportada por la revelación cristiana, y de todo, como consecuencia
de dicho criterio, se puede extraer y valorar lo que es verdadero y bueno.Desde
el comienzo, los chicos de don Giussani,
apremiados por un ambiente cultural y escolar que, hoy igual que entonces, tiende
a marginar el hecho cristiano como hipótesis de lectura de la realidad,
se han comprometido, a través de congresos, publicaciones y las llamadas "fichas
de revisión", a intervenir sobre cuanto las clases escolares o la
actualidad social y cultural ponían en el punto de mira. Junto a este
trabajo, se redescubrían y proponían autores, textos y problemas
censurados u oscurecidos por la posición cultural dominante. En esta "escuela" han
crecido personas y grupos que han dado vida o colaborado, bajo su responsabilidad,
en obras culturales de alcance nacional e internacional, y en una miríada
de iniciativas donde están presentes tanto el gusto por el encuentro entre
experiencias diferentes, como la pasión por comunicar el propium del acontecimiento
cristiano.Así han nacido, en Italia y fuera de ella, centenares de centros
culturales, decenas de escuelas libres, promovidas a menudo por cooperativas
de padres. Han surgido editoriales, se han realizado actividades editoriales
y periodísticas, se han promocionado Institutos y Fundaciones a nivel
académico, convenciones internacionales (como el anual "Meeting
por la amistad entre los pueblos" de Rímini) que han implicado
a los nombres más ilustres de la cultura y debatido los temas más
candentes de la actualidad. Todo esto ha suscitado en torno al movimiento simpatías
y antipatías. Más allá de las inevitables imprecisiones
que ese trabajo comporta, a veces existe por parte de quien observa la dificultad,
cuando no la cerrazón, para considerar la identidad cristiana como portadora
de un juicio original sobre la cultura y la sociedad. Quienes, incluso dentro
del llamado mundo católico, consideran la fe como un asunto "de la
estratosfera", y no como un factor que incide en la historia y la cultura,
preferirían que la comunidad cristiana no se ocupase de cuanto está más
allá de la puerta de la sacristía.En una experiencia cristiana
comprometida, la dimensión política deriva naturalmente de la dimensión
cultural. La acción política, dentro de la concepción de
CL, es uno de los campos donde un cristiano está llamado con mayor responsabilidad
y generosidad ideal a verificar el criterio unitario que mueve su existencia
frente a los problemas planteados por la vida de la sociedad y las instituciones.
Dios ha dado poder a los hombres para que trabajen en Su creación a través
del compromiso en el ámbito de los propios talentos, de la propia familia,
de la sociedad, hasta esa «forma exigente de caridad» - como la definía
Pablo VI - que es la política. No debe sorprender, por tanto, que de las
filas de CL hayan salido personalidades comprometidas a distintos niveles en
la acción política, directamente y bajo su propia responsabilidad.En
particular, siguiendo el cauce trazado por la Doctrina social de la Iglesia,
lo que anima el compromiso cristiano en política es la defensa del bien
sumo, la libertad, condición para que el hombre busque respuestas adecuadas
a lo que desea su corazón y sus necesidades reclaman. Libertad amenazada
demasiadas veces en la época moderna por las tendencias absolutistas -manifiestas
u ocultas- del Estado y de las ideologías que identifican en éste
la fuente del derecho individual y la libertad de asociación. La acción
política propia de quien se ha educado en CL debe tender, por tanto, a
crear las condiciones para que la persona y la sociedad, que se expresan en obras
lucrativas, culturales y asociativas, no sean mortificadas o penalizadas por
una visión estatalista o el privilegio otorgado a unos pocos, por razones
de poder. Una síntesis de la concepción que el movimiento tiene
de la política se encuentra perfectamente expresada en el texto de la
intervención de don Giussani en la asamblea de la CdO lombarda del 6 de
febrero de 1987, recogido ahora en la publicación El
yo, el poder, las obras (Encuentro, Madrid 2001).
Las batallas que han implicado no sólo a personalidades individuales sino
la disponibilidad de todo el movimiento, como la de la libertad de educación
y la paridad entre escuela estatal y escuela privada, o la más general
por el respeto del principio de "subsidiariedad", tienden a realizar
la unidad entre trabajo cultural y acción política.Finalmente,
la concepción de cultura propia de Cl coincide con el significado más
auténtico del término ecumenismo. Éste no es la búsqueda
de un mínimo común denominador entre experiencias distintas con
el fin de justificar una tolerancia que parece, en realidad, carencia de amor
recíproco. Ecumenismo como significado verdadero de cultura indica más
bien la capacidad de abrazar incluso la experiencia más lejana y distinta
(por ejemplo la experiencia de los monjes budistas del Monte Koya, la cultura
ruso-ortodoxa, la tradición judía), en virtud de que haber encontrado,
por gracia y no por mérito propio, la verdad permite reconocer cada indicio
de verdad y valorarlo.
Caridad:
la gratuidad como ley, la obra de la caridad
Uno de los gestos propuestos por GS desde 1958 fue la acción caritativa
en la Bassa. Cada semana centenares de chicos se dirigían desde Milán
a una zona de la periferia, la Bassa, en donde las condiciones de vida de muchas
familias estaban cercanas a la indigencia y la vida social era casi inexistente.
Durante algunas horas, aquellos chicos acompañaban a los niños,
jugaban con ellos, organizaban, de acuerdo con los párrocos locales, momentos
de alfabetización y catequesis. Trataban, además, de ayudar a las
familias en sus necesidades.«La vida debería ser un total compartir
- explica don Giussani -, pero la distracción, el miedo, la comodidad,
los impedimentos del ambiente y la maldad vacían la vida del valor de
la caridad. Para crear una mentalidad de caridad, el medio más humilde
y eficaz es el de empezar a vivir algunos momentos de tiempo libre expresamente,
de forma voluntaria como un compartir la vida de los demás. El comprometerse
con un sacrificio físico, además, es esencial para la influencia
sobre nuestra mentalidad». La propuesta de la acción caritativa
era y es, por tanto, el instrumento educativo para realizar esta conversión.
Las formas de acción caritativa son hoy variadísimas: ir a la parroquia
o a un barrio para jugar con los niños, acudir a un asilo a hacer compañía
a los ancianos, ayudar a los niños más pequeños a estudiar,
compartir situaciones difíciles como la pobreza, la enfermedad psíquica
o los estadios terminales de enfermedades incurables, ayudar a buscar un trabajo,
etc. También en este caso, al igual que en la dimensión cultural,
los desarrollos operativos, desde los más sencillos a los más complejos,
están ligados a la iniciativa libre y a la elección de compromiso
de los individuos o de los grupos de miembros de Cl y no comprometen al movimiento
en cuanto tal.
Misión:
un testimonio católico
Desde el comienzo los chicos de GS eran educados en la misión
también a través del interés por figuras de misioneros comprometidos
en lugares lejanos y difíciles. A lo largo de toda su historia, CL ha
colaborado con la acción misionera de personalidades significativas (desde
Marcello Candia a monseñor Pirovano; desde el Padre Lardo a la Madre Teresa)
o de instituciones y órdenes religiosas (los padres del Pime, los padres
Combonianos). Pero tuvo importancia sobre todo la propuesta que se hizo a aquellos
chicos de bachillerato de los comienzos: sostener responsablemente y por entero
(quizá por primera vez en la historia de la Iglesia) una acción
misionera en Brasil,
en Belo Horizonte, en 1962. La misión en Brasil tiene un significado
más allá del hecho de que con la partida de aquellos jóvenes
se esparcieron las primeras semillas de la presencia del movimiento en América
Latina: en la historia del movimiento, aquel gesto significó que no existe
distinción entre la invitación dirigida a un amigo para asistir
al "radio", la Escuela
de comunidad o un gesto de la compañía, y la acción
de anuncio cristiano llevada a cabo por muchos misioneros, hoy también
de CL, en tierras difíciles de África, Asia o América. Es
la misma misión universal de la Iglesia, el mismo anuncio. La misión
en el propio ambiente, el testimonio al que reclama el movimiento, se entienden
ante todo como ofrecimiento a Cristo de la propia disponibilidad, más
que como capacidad de iniciativa o estrategia comunicativa.Bajo este perfil,
más que preocuparse por la propia difusión, CL ha entendido siempre
la misión como servicio a la misión de la Iglesia y reclamo a la
experiencia cristiana en cada ambiente de estudio o trabajo donde sus seguidores
se encuentran por todo el mundo. |
|
|