El carisma de CL
«Un carisma - ha escrito don
Giussani - se puede definir como un don del Espíritu
dado a una persona en un determinado contexto histórico,
con el fin de que ese individuo inicie una experiencia de fe que
pueda resultar de algún modo útil para la vida de
la Iglesia. Subrayo el carácter existencial del carisma: éste
hace más convincente, más persuasivo, más abordable el
mensaje cristiano propio de la tradición apostólica.
Un carisma es un terminal último de la Encarnación,
es decir, una modalidad particular a través de la cual el
Hecho de Jesucristo hombre-Dios me alcanza y, a través de
mi persona, puede alcanzar a otros».
La esencia del carisma dado a Comunión
y Liberación puede resumirse en tres factores:
- en primer lugar, el anuncio de que Dios se hizo hombre (el estupor, la razonabilidad
y el entusiasmo por esto): «El Verbo se hizo carne y habita entre nosotros»;
- en segundo lugar, la afirmación de que este hombre - Jesús de
Nazaret muerto y resucitado - es un acontecimiento presente en un «signo» de «comunión»,
es decir, en la unidad de un pueblo guiado como garantía por una persona
viva, en última instancia, el Obispo de Roma;
- tercer factor: sólo en Dios hecho hombre y, por tanto, sólo en
Su presencia, sólo a través de la forma que permite experimentar
Su presencia (por tanto, sólo en la vida de la Iglesia), el hombre puede
llegar a ser hombre de forma más verdadera y la humanidad puede ser realmente
más humana. Escribe san Gregorio Nacianceno: «Si no fuese tuyo,
Cristo mío, me sentiría criatura finita». Únicamente
de Su presencia brotan con seguridad la moralidad y la pasión por la salvación
del hombre (misión).
«Desde la primera hora de clase en el Liceo Berchet de Milán
- recuerda don Giussani - traté de mostrar a los chicos lo que me movía:
no la voluntad de convencerles de que tenía razón, sino el deseo
de mostrarles el carácter razonable de la adhesión a la fe, o lo
que es lo mismo, la correspondencia que ellos mismos descubrían entre
lo que yo les decía y las exigencias propias de su corazón - tan
esenciales para la definición de razonable - motivaba la adhesión
de su libertad al anuncio cristiano. Sólo este dinamismo de reconocimiento
convierte a cualquiera que se adhiere a nuestro movimiento en un protagonista
creativo, y no en un mero repetidor de fórmulas y discursos. Por esto,
creo, el carisma genera una realidad social no a raíz de proyecto, sino
como fruto de un movimiento de personas cambiadas por un encuentro, que tratan
de hacer más humano el mundo, el ambiente y las circunstancias con las
que se encuentran. La memoria de Cristo vivida tiende inevitablemente a generar
una presencia en la sociedad, a prescindir de cualquier éxito programado».
En la carta a don Giussani por los 20 años de la Fraternidad de CL, Juan Pablo II escribió: «Rememorando la vida y las obras de la Fraternidad y del movimiento, el primer aspecto que destaca es el empeño puesto en prestar atención a las necesidades del hombre de hoy. El hombre jamás deja de buscar… El movimiento, por tanto, ha querido y quiere indicar no ya un camino sino el camino para llegar a la solución de este drama existencial. El camino - ¡cuántas veces lo ha afirmado Usted! -, es Cristo».
En la carta a Juan Pablo II por los 50 años de CL don Giussani escribió: «No sólo no pretendí nunca “fundar” nada, sino que creo que el genio del movimiento que he visto nacer consiste en haber sentido la urgencia de proclamar la necesidad de volver a los aspectos elementales del cristianismo, es decir, la pasión por el hecho cristiano como tal, en sus elementos originales y nada más».
- La carta del Santo Padre Juan Pablo II dirigida a D. Giussani con ocasión del
vigésimo aniversario del reconocimiento Pontificio de la Fraternidad de Comunión
y Liberación ( 11 de febrero del 2002).
- La carta del Santo Padre Juan Pablo II a D. Giussani con ocasión del
quincuagésimo aniversario del nacimiento de Comunión y Liberación
( 22 de febrero del 2004) |