Provocaciones de juicio sobre la circunstancia política de nuestro país

1. Muchos viven un desencanto con respecto a la política. Algunas de las motivaciones para dicho sentimiento son: “porque los políticos son corruptos”; “porque los partidos no se interesan en la gente”; “porque los políticos no logran darnos seguridad”; “porque todos son iguales… más de lo mismo”. Pero en realidad este desencanto tiene un origen más profundo. Se arraiga en el hecho de que se concibe a la política como la panacea de todo; como el medio para que la vida se arregle y que se resuelvan todos los problemas del hombre y de la sociedad. Es decir, aunque no se exprese, se espera la salvación a través de la política y de los políticos. Es así, que se pretende que sean perfectos, porque de otro modo no cumplen con su tarea salvadora. Lo anterior, se llama "mesianismo político"; es decir, son como el "Mesías " que debe salvarnos. Nada más equivocado. La política es un medio humano, y por ende imperfecto, para hacer posible una convivencia lo más que se pueda en paz y ordenada. Por eso es imperfecta, como imperfectos son los políticos. Ello, en lugar de desalentar, debe alentar a sostener a quienes participan e involucran en política para que logren trabajar para el bien común.

2. Con base en lo anterior, política no significa “poder”; no es un ejercicio aplastante de la autoridad; mucho menos es el instrumento para que las ideas “mesiánicas” sean adoptadas como viables y adecuadas. Política, como lo señala el propio Papa Benedicto XVI en la carta de presentación de su Primer Encíclica “Deus Caritas est”, “es crear un orden justo en la sociedad, donde a cada uno le sea reconocido lo propio y donde nadie sufra a causa de la miseria”. Y continúa diciendo: “en este caso, la justicia es la verdadera finalidad de la política, así como la paz no puede existir sin la justicia”.

3. Por lo tanto, más que hablar de propuestas de izquierda, centro o derecha; liberales o conservadoras; debemos hablar de propuestas responsables e irresponsables. Propuestas que hablen, primordialmente del bien ser, del bien hacer y del bien tener lo que nos llevará a una condición de bien estar. Lo que permite este bien estar de todos, es el bien común. No es aceptable hablar de un bien común que se construya a base de la “restas” de “bienestares”. Más que nada, sería injusto.

4. Por eso, es importante exigir a los políticos y a los partidos la defensa de los bienes fundamentales, principalmente: la defensa de la vida, que implica la defensa de la persona y de sus expresiones auténticas (su iniciativa, su trabajo, su propiedad, estado de derecho); la defensa de la familia como institución insustituible de la educación y la promoción de una educación que ubique al hombre de manera consciente ante la realidad que vive.

5. Debemos ser conscientes y hacer conciencia en otros, que en las próximas elecciones de Julio de este año, México decidirá si su futuro se da sobre el camino de posturas mesiánicas que buscan sujetar la realidad a los criterios de los políticos que las promueven; o dar paso a que se vuelvan a tejer las complejas redes de la corrupción, las componendas y las influencias que privatizaron por tanto tiempo el ejercicio del poder público; o darle una oportunidad más a la opción que a pesar de sus errores y defectos, ha defendido y mantenido la estabilidad como bien público y que, aplicando el principio de subsidiaridad, permite espacios para que las realidades sociales intermedias, grupos culturales, étnicos, religiosos, etc., puedan expresar completamente su identidad y su creatividad social y educativa en bien de todos.

6. Estamos viviendo la campaña más “mediática” de nuestra historia y esto nos provoca un análisis más profundo de las cosas, de más observación, de mejor y mayor escucha, de pensar y por lo tanto de emitir juicios que oriente a otros a hacer una mejor elección de futuro. Es momento de participación y compromiso, porque como dice Don Luigi Giussani “comprometerse con los problemas que nos plantean los tiempos, es la primer forma de caridad”.

Jaime Quintanilla Hayek
Coatzacoalcos