¿Por qué repican las campanas? El repique de las campanas es signo de paz, esperanza y alegría, porque nos recuerda que existe Dios y que está entre nosotros. Sin embargo, el pasado domingo 18 de noviembre, estas mismas campanas fueron el pretexto para que un grupo de personas, probablemente bautizadas, que participaban en una asamblea convocada por Andrés Manuel López Obrador en el Zócalo capitalino, irrumpieran enfurecidas en la Catedral Metropolitana de ciudad de México, causaran daños en el mobiliario y agredieran a los feligreses que participaban en la Eucaristía. Aunque podría decirse, usando las mismas palabras de Jesús frente a sus verdugos, que estas personas realmente no sabían lo que hacían; su comportamiento es condenable desde cualquier punto de vista. La Catedral no es sólo patrimonio histórico de nuestra nación, sino también un recinto sagrado para el pueblo católico. Por ello, argumentar que el repique de las campanas, que pretendía llamar a Misa y al rezo del Ángelus como cada domingo al mediodía, era una provocación o pretendía “acallar la voz del pueblo” desenmascara en realidad el nuevo populismo que pretende difundirse en nuestro país y en todo el continente: autoritario, antidemocrático y por ello, profundamente antirreligioso. Para quienes somos católicos, sería lamentable que este incidente nos provocara a una mera reacción combativa que responda a la confrontación, sin embargo, sí nos hace ver la urgencia de luchar y trabajar por la libertad religiosa en México, tal como han reclamado hace un mes el Nuncio Apostólico y nuestros obispos. Lo que construye esta libertad, más que una reacción airada momentánea, es nuestra presencia pública y cotidiana como católicos en todos los ámbitos en que nos encontramos: la escuela, la universidad, la política y la empresa. No se nos pide luchar por una posición hegemónica en el plano político, cultural o social, ni tampoco entrar en una mera dialéctica cultural con las demás posiciones que hay en nuestra sociedad, sino ofrecer las “razones de nuestra esperanza”, mismas que deben medirse con las preguntas y exigencias humanas de nuestros interlocutores.
COMUNIÓN Y LIBERACIÓN
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