CL México / Campeche La herencia de Roberta El pasado 22 de junio se celebró la inauguración y se bendijeron las nuevas instalaciones en la ciudad de San Francisco de Campeche del Centro Educativo y Formativo “Edimar” (CEFE), que ofrece «un lugar donde los jóvenes puedan aprender a vivir». La iniciativa de unos adultos que asumen en primera persona “el riesgo de educar”.
Yamile Y. Novelo
Ese día el Centro “Edimar” tenía un brillo diferente. La inauguración del Centro “Edimar” fue un evento esperado por nuestra comunidad de amigos, al que acudió el obispo de Campeche, Monseñor Ramón Castro y Castro. Alrededor había rostros conocidos y mucha gente contenta de presenciar este momento. Todos de pie ante la puerta de entrada del centro, bajo un sol radiante y caluroso, miraban al querido obispo y a Rossana Stanchi, iniciadora del apoyo escolar en Campeche, cortaban el listón que Luis Enrique y Jesús, dos adolescentes que acuden al Centro, sostenían por sus extremos. La iniciativa y el nombre Posteriormente se ingresó en el edificio y en el salón principal donde se había dispuesto todo para una breve exposición que contara cómo ha surgido el Centro y para relatar la historia de Edimar, un muchacho brasileño que con su conversión se ha vuelto una promesa para todos. Rodeados de los chavales, amigos y patrocinadores, se comentaba todos esos pequeños milagros cotidianos que han acompañado el camino del apoyo escolar. Se quería que la obra fuera bendecida. Todos de pie, comenzó la ceremonia de bendición, se hicieron las lecturas y las peticiones, y el señor obispo dirigió unas palabras de aliento. Manifestó estar complacido del desarrollo en Campeche, su diócesis, de una obra educativa que se implicara en el uso de su tiempo libre de los chavales para acompañarlos en su educación a través de la realización de sus tareas escolares y de otras actividades didáctico-culturales, obra única en su género en esta ciudad sobre todo en momentos difíciles para la Iglesia y para la educación en nuestro estado. Textualmente dijo: «Las obras de Dios siempre acaban bien. Espero que el Centro dé frutos abundantes y sea un lugar donde los jóvenes puedan aprender a vivir». Posteriormente escuchamos las palabras de un padre de familia. El padre de Alejandro Chuc se mostró muy agradecido por el servicio que brinda el Centro. Sus palabras expresaron el entusiasmo que, junto con su hijo, sintió durante el recorrido que se realizó con los muchachos por el centro histórico de la ciudad en compañía de un historiador y de las maestras del centro, actividad propuesta para ayudarlos a introducirlos al conocimiento y a la confrontación con la realidad, el renovado entusiasmo de su hijo al hacer sus tareas, así como otros momentos de convivencia que se dieron. Culminó su intervención exhortando a su hijo a que continúe sus estudios y compartiendo el orgullo que siente hacia él por el cambio que ha visto ante sus ojos. Cuando me pongo de pie para agradecer a los asistentes e invitarlos a que degusten unos deliciosos bocadillos, una copa de vino o un refresco, miro a mi alrededor y veo el salón lleno, con mucha gente parada en la parte posterior. ¡Y tan sólo eran sesenta las sillas que estaban colocadas! ¡Cuántas personas juntas por un mismo motivo! En ese momento recuerdo también la llamada de varios amigos que se encontraban de camino hacia los Ejercicios de los jóvenes trabajadores, que coincidieron justamente con la fecha de la inauguración del centro Edimar, para decirnos que estaban pidiendo por nosotros. Se recibieron e-mails de varios amigos, también desde Italia y Puerto Rico, diciendo que nos acompañan con sus oraciones y nos felicitan. Varias autoridades locales, el representante del Presidente Municipal, del Instituto Estatal de Educación para el Adulto, de la Universidad Autónoma de Campeche, así como nuestra querida amiga y colaboradora Socorro Del Río, directora de DIJO, A. C. (Desarrollo Integral de la Juventud Oaxaqueña Asociación Civil) estuvieron presentes deseándonos lo mejor para la labor que tenemos por delante. El comienzo… En Campeche la falta de ejemplos positivos para los chavales, de lugares que sirvan como puntos de encuentro para jóvenes y en donde puedan tener una relación educativa con adultos, nos hicieron ver la necesidad que tienen los jóvenes de encontrar un sentido y asumir su responsabilidad ante la realidad. Además, debido tanto a esta falta de apego a la realidad como a la carencia de una propuesta educativa y cultural adecuada de las instituciones escolares públicas y, en la mayoría de los casos, privada, comprobábamos como los chicos hacen un uso insuficiente de su capacidad creativa e intelectual. Así, las calles se van llenando de muchachos que en su momento sufrieron la deserción escolar y son presa fácil de bandas de pandillerismo y de los narcovendedores. En 2003, Rossana, Anna y Roberta (todas maestras) llegaron a Campeche y se enfrentaron en seguida con la necesidad urgente de una educación más verdadera, ante familias que, aún teniendo escasos recursos, prefieren invertir en una televisión para ver telenovelas que en la educación de sus hijos. Además, los muchachos que acaban la escuela secundaria dificilmente logran insertarse en el mundo laboral en el ámbito nacional. Dando pasos Rossana, con la ayuda de Roberta, maestra de Fisica y Quimica, inició en 2004 una actividad de apoyo extraescolar con un grupo de alumnos del Instituto Mendoza y del Instituto Campechano. De enero a junio, dos tardes a la semana, se encontraban en un local que se pidió prestado al padre Felipe, de la parroquia de San Juan de Dios de Campeche. Conforme avanzaba el tiempo, los chicos se percataban de la satisfacción de una lección bien aprendida. Ya que el número de muchachos aumentaba se tuvo que pedir ayudar a otros adultos, y se suman a este trabajo Verónica y Quino. Los padres se cuestionaban: «¿Cómo puede ser que unos extraños tengan ante nuestros hijos tanta paciencia y tanta pasión?». Esta pregunta surgía espontánea. Un primer resplandor surge en 2006: La Región Lombardía aprobó un proyecto que se había presentado para buscar financiación para el apoyo escolar en Campeche. Este proyecto incluía la construcción de un edificio para desarrollar la actividad de un centro educativo. Por fin tendríamos un lugar adecuado donde estudiar, hacer la tarea y descubrir la belleza del estudio. Junto a Rossana iniciamos la búsqueda de un terreno para comprar y donde construir un edificio para el apoyo escolar. Buscábamos un lugar donde sembraríamos algo mucho más grande que nosotros. Finalmente compramos el terreno y en mayo se inició la construcción del Centro Educativo y Formativo “Edimar”. Un chico brasileño ¿Por qué elegimos este nombre? Nos pareció que nada sería mejor que ofrecer un ejemplo de un chaval concreto que cambió radicalmente su vida a raíz de la relación verdadera con unos adultos. Edimarhabía nacido el 2 de septiembre de 1977 en Brasil; entre los 11 y 12 años se volvió niño de la calle; a los 13 comenzó a robar y a traficar con droga. Después le ocurrió un encuentro inesperado: conoció a maestras, amigos y el padre Marcos de Comunión y Liberación. Le propusieron que cambiara de ciudad para dejar el tráfico de drogas. Edimar decidió dejar Brasilia y el cambio en su vida fue tal que llegó a negarse a matar ante la orden del jefe de su antigua banda que se lo exigía: esto le costó la vida y por la noche fue asesinado. Ahora, aquí en Campeche, en circunstancias no tan distintas, su memoria nos alienta en la ardua tarea educativa que acabamos de empezar. Un pequeño equipo Dos amigos de Coatzacoalcos, Oliverio y Tavo, arquitecto e ingeniero respectivamente, hicieron el proyecto del Centro y supervisaron las obras que en su primera etapa debían culminar en el mes de julio. Surgieron muchos inconvenientes, pero también la petición a Nuestra Señora del Carmen,patrona del estado, y una peregrinación a Ciudad del Carmen justo el 16 de julio: el día 15 nos entregaron las llaves y se pudo “cerrar la puerta”. Mientras tanto, justo al final del año escolar 2005-2006, el apoyo escolar continuaba en un salón más confortable, un préstamo esta vez del padre Joaquín de la parroquia de San José Obrero, de una colonia pobre de la ciudad. Ya éramos un pequeño equipo de educadores formado por Rossana, Iracema y Teresa –dos colegas de Ross–, y yo, curiosas de esta nueva posibilidad de educar y “de ser educadas”. En este período trabajamos fielmente con un pequeño grupo de muchachos: Migaely, Moises, Miguel Angel, Braulio, Etibet y Cinthya que provenían además de las otras escuelas ya mencionadas, de la Escuela Secundaria Técnica núm. 23 y de la Escuela Federal núm. 7. Por fin ¡en casa! A finales de julio logramos trasladarnos a la colonia Ampliación Miguel Hidalgo, otra colonia pobre, pero ahora en nuestra casa. Con Alberto, un amigo nuestro que tiene una pequeña empresa que trabaja para Pemex, tuvimos un gran regalo: en tiempo record y con materiales reciclados nos hizo y nos regaló una puerta de entrada segura... ¡con la consigna de cerrar el edificio! Se había terminado la estructura principal pero aún faltaba mucho. Amigos nuestros y “amigos de amigos” de varias ciudades del norte de Italia –Torino, Aosta, Asti, Milán, La Spezia– y de Puerto Rico, continuaban ayudándonos de muchas formas. Por ejemplo, Martina, de 7 años, ¡hacía dibujos y los vendía por un euro! Recibimos felicitaciones de Navidad y año nuevo de una amiga albanesa, Gjustina con su esposo Toniv y toda su familia. Otro amigo, el padre Fosson, sin conocernos directamente, dejó al morir una ayuda para continuar esta labor misionera. Saber que varios trabajadores de una empresa, juntos, en vez de intercambiar un regalo de Navidad, han contribuido a la educación de nuestros muchachos ha sido para nosotros ¡un verdadero regalo de Navidad! En febrero de este año se realizó un proyecto y, gracias a CESAL, se consigue un financiamiento de la Fundación Mapfre de España. Finalmente fue posible concluir las obras de construcción de acuerdo al proyecto inicial: se rellena el espacio del patio trasero, se levanta la barda, se pinta el Centro. En la parte de adelante se coloca el portón y la herrería de protección (el Centro está ubicado en una zona de alto riesgo de robos, pero igualmente con mucha necesidad educativa) y el logo del Centro. Se dota Edimar del equipamiento previsto: pizarrones, escritorios, tres computadoras, impresora, proyector, teléfono-fax, etc. Y por fin dejaremos de sudar: ¡logramos instalar los aparatos de aire acondicionado!
|