Para
vencer la violencia
Movimiento de Comunión y Liberación
Coatzacoalcos, Veracruz
Nuestra querida ciudad actualmente vive inmersa en un clima de violencia
e inseguridad nunca antes visto. Los asaltos a mano armada, los robos
de automóviles, los “levantones” (secuestros) y sobre
todo la presencia de la delincuencia organizada, parecerían tenernos
presas del miedo e incertidumbre. Adicionalmente, una carente cultura
ciudadana de la denuncia, agrava el problema puesto que no permite dimensionarlo
en su justa realidad y actuar en consecuencia.
Sin embargo, para nosotros los cristianos, los acontecimientos no pasan
por azar porque “jamás permite Dios que suceda algo que no
sea para nuestra maduración, para que maduremos” (Luigi Giussani).
El mal se presenta como una ausencia del bien; pero este bien no nace
de la nada y no aparecerá con tan solo desearlo como una aspiración
más de vida. La presencia del bien en nuestra comunidad requiere
primero de un trabajo tanto personal como social, de un sentirnos verdaderamente
pro-vocados (es decir llamados), a vivir con responsabilidad, seriedad,
respeto y esperanza dentro de cada una de las comunidades de ambiente
en la que nos encontremos (familia, escuela, trabajo, amigos, política
o cultura).
Ante cada situación negativa que nos acontece, son reacciones naturales
y humanas buscar, encontrar y señalar culpables. Pero falta dar
el gran salto de la más alta y airada indignación a la fuerza
y el ejercicio de la acción. Esta es la larga marcha hacia la madurez
que como sociedad debemos emprender.
Una mejor sociedad es el mejor antídoto contra cualquier clase
de injusticia, llámese crimen, violencia, corrupción, inseguridad,
negligencia o pobreza. Pero, ¿por qué no hemos sido capaces
de construirla? Porque hemos dejado que otros lo hagan. Nos ha sido cómodo
endosar esta responsabilidad y pensamos que con solo elegir a nuestros
gobernantes y crear una serie de instituciones, lo demás se dará
por añadidura y se cumplirán nuestros buenos deseos. Nada
más falso, ya que olvidamos lo fundamental: a quienes elegimos
para gobernar, a quienes ejercen puestos de autoridad, dirigen las instituciones,
imparten seguridad, procuran el cumplimiento del marco jurídico
e incluso, hasta porque no decirlo, los propios delincuentes y criminales,
han crecido bajo el mismo sistema educativo que el nuestro, provienen
de familias con tradiciones y valores similares a los nuestros, comparten
incluso fragmentos de su vida diaria con nosotros.
Por tanto, una sociedad mejor se construye con base en familias formadas
por hombres y mujeres que crezcan y se desarrollen con una conciencia
absoluta de lo real, que usen la razón para afrontar cada situación
que esta realidad imponga en el diario vivir, que vean en la fe el método
fundamental para hacer este juicio y que entiendan que un juicio sin acción
no genera cambio alguno.
La libertad, la justicia y el bien común no se ganan inmersos en
la indiferencia, en la pasividad o en el simple señalamiento. Una
mejor sociedad solo será posible cuando quienes vivamos en ella,
nos interesemos en el destino del otro como si fuera el propio y esto
solo se logra viviendo cada momento del día con la conciencia de
que la vida es un servicio. Hoy es un buen día para iniciar con
éste fascinante trabajo.
Abril, 2008
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