Y nosotros ¿en quién esperamos?

Centro Cultural La Aventura Humana

Según se comenta, ha habido muchos secuestros en lo que va del año y cada día alguien cercano a nosotros sufre un robo o un asalto. Pareciera que, de una manera diferente a las anteriores, se está persiguiendo nuevamente el objetivo de crear un clima de incertidumbre en la sociedad de Oaxaca. ¿Qué hacer frente a esto?
Los hechos de violencia que se han estado viviendo en nuestra ciudad aparecen como una consecuencia inmediata de lo que se vive en el país. Del mismo modo, la primera reacción que se tiene es el temor.
Uno escucha frecuentemente que todo esto es producto de la descomposición social, que es una respuesta del narcotráfico a las acciones del gobierno; en fin, explicaciones se buscan y se comentan. No dudamos que el corazón del hombre en cualquier circunstancia desea lo mismo: ser feliz.
Sin embargo, la búsqueda de la respuesta también se lleva a cabo por caminos equivocados. Hoy en día, la mentalidad dominante empuja a buscar el cumplimiento de nuestras más altas aspiraciones a través de lo inmediato. Así, el valor de la persona tiene que ver con el “poder”: entre más poder, más “valor”.
Nadie habla de la dignidad estructural con la que hemos sido hechos; por eso, cuando alguno lleva a cabo un secuestro, va en contra de lo humano, está en contra de la naturaleza humana, el hecho mismo y el trato que se da a las personas. Nada justifica un acto como éste y, sin embargo, la ignorancia del propio corazón nos hace ir en contra de nosotros mismos.
Para nosotros, ¿en qué se funda la esperanza que nos hace levantar toda las mañanas para ir a trabajar, a la escuela, entrar en la aulas de la universidad o tender las camas después de dormir o lavar los platos después de comer?; es decir, ¿en qué fundamentamos nuestro deseo de bien para nosotros y para todos los demás?
Se necesita el encuentro con una Presencia, tan verdadera y tan bella, que suscite en nosotros la conciencia de nuestra humanidad, hasta el punto que permita tener la conciencia del otro.
¿De dónde esperamos que provenga este acontecimiento que nos haga movernos con decisión, aún en contra de la maldad que nos rodea?
Tal vez no baste una policía honesta, unos políticos incorruptibles o una economía en crecimiento. Más bien esto podría ser fruto de la respuesta a la pregunta anterior, pero ciertamente no la causa. “…Mientras que la fe es reconocer una Presencia cierta… la esperanza es reconocer la certeza del futuro que nace de esta Presencia”.
Para tener certeza en el presente es necesario ser fieles al método de la fe, hasta el punto de la adhesión. En caso contrario, el impacto de un encuentro excepcional se desvanece en nuestras elucubraciones o en nuestras ilusiones.
Peguy nos recuerda que ”Había maldad también en la época de los Romanos. Pero Jesús vino. Él no malgastó sus años gimiendo e interpelando la maldad de los tiempos, Él zanjó la cuestión de una manera muy sencilla: haciendo el cristianismo. Él no se puso a incriminar, a acusar a alguien. Él salvó. No incriminó al mundo. Él salvó el mundo”.

Abril, 2008