Alianzas políticas contra natura

La democracia en México está amenazada por un relativismo cultural que está conduciendo a un pragmatismo extremo.

Los partidos políticos han olvidado casi por completo sus principios y proyectos de nación, para dedicarse a buscar votos sin ningún escrúpulo respecto a los métodos, incluyendo todo tipo de alianzas contra natura entre organizaciones de signo ideológico antagónico, que sólo tienen en común su afán desmedido de poder político y económico.

Esto se explica en parte por la descomunal cantidad de recursos públicos que se ha otorgado a los partidos en los últimos 10 años. Con la reforma electoral de 1996 se les dieron 600 millones de pesos, tres veces más que en 1995. Y actualmente su presupuesto anual es de casi 5.000 millones de pesos, cerca de 500 millones de dólares.

Este dinero "se ha convertido en la droga más potente para los partidos políticos, que cada día son más adictos", según ha afirmado un conocido analista.

Y hay que ver de lo que son capaces los políticos por conseguir este dinero, así como los privilegios a que da acceso el poder político. Los ejemplos más recientes son las alianzas que se han establecido para contender en las elecciones de Yucatán y Baja California.

En Baja California, un sector del Partido de la Revolución Democrática (PRD), supuestamente de izquierda, se alió con uno de los caciques más ricos y de peor fama de México, Jorge Hank Rhon, ex alcalde de Tijuana, dueño del hipódromo Agua Caliente y del negocio internacional de apuestas Caliente. Hank es temido en el medio político por el asesinato en 1988 de uno de sus críticos, el periodista Héctor "El Gato" Félix, a manos de su jefe de escoltas Antonio Vera Palestina, hoy preso y confeso.

La otra alianza contra natura -en pos del Gobierno de Yucatán- es entre Ana Rosa Payán, conocida política de tradición conservadora, y los partidos izquierdistas del Trabajo y Convergencia, que junto con el PRD apoyaron la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Hasta hace unas semanas, la ex alcaldesa de Mérida era para los izquierdistas lo más abominable de la "ultraderecha fascista", opositora del aborto y del feminismo radical. Y para Payán, sus ahora aliados eran la encarnación de todo el mal contra el que ella había luchado durante toda su vida.

¿Por qué se unieron? Porque a los partidos de izquierda, con presencia casi nula en Yucatán, les urgía un candidato para las elecciones de mayo. Y Payán no pudo obtener la candidatura de su partido, el PAN, así que enojada renunció a su militancia panista de 23 años para echarse en brazos de sus acérrimos enemigos políticos. Todo con el edificante objetivo de ser gobernadora.

Pero este oportunismo no se explica sólo por la ambición de poder y dinero. La explicación de fondo hay que buscarla en lo que la Iglesia llama el relativismo cultural y ético que empaña la cultura de los países democráticos.

"La libertad política no está ni puede estar basada en la idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor", dice la nota doctrinal sobre "el compromiso y la conducta de los católicos en la vida política", firmada en 2002 por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe , el cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI.

"Si el cristiano debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales, también está llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos", dice el documento.

Ricardo Olvera .