Friederich, Caminante en el mar de niebla
"H ago
esto para ver qué hay después de la muerte y quién
tiene razón.
En este mundo hay pocas esperanzas para los jóvenes y espero que
mi gesto sirva para que el mundo se dé cuenta de que existimos también
nosotros con nuestros problemas.
Pido perdón a mis padres que han sido siempre muy cariñosos
conmigo y no han dejado que me faltara de nada.
Pido también perdón a los responsables de la escuela a los
que no tengo nada que recriminar.
Mi última voluntad es ser incinerado. Adiós."
Alberto |
Deseo,
te he arrastrado por las calles,
te he desolado en los campos,
te he emborrachado en las ciudades,
te he embriagado sin apagar tu sed,
te he bañado en las noches de luna llena,
te he llevado de acá para allá,
te he mecido sobre las olsa,
he querido adormecerte sobre las mareas,
deseo, deseo, ¿qué más quieres?
¿Cuándo te cansarás?
Field
S iempre me fascina
el cielo, da igual si está sereno, nublado, estrellado. El cielo,
con su inconsistencia y su infinita grandeza, me da un sentido de potencia
y, al mismo tiempo, de libertad, de esa libertad que me falta en la escuela
y que no encuentro en casa.
Luca |
Experimentalmente nos sentimos libres
por la satisfacción
de un deseo.
Pero no basta ser libre durante un fin de semana, por una tarde, no basta
ser libre en cien, doscientas, mil ocasiones, sino siempre; ser libre, libre,
es decir, la libertad.
Siguiendo las indicaciones de la experiencia,
resulta claro que la libertad se nos presenta como satisfacción total,
el cumplimiento total del yo,
como testimonia el dramático grito de Alberto
(que se suicidó el pasado marzo, entre los bancos de su escuela)
 
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