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Su www.paginasdigital.es
27 marzo 2008

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“Poco testimonio se puede derivar de una actitud exclusivamente reactiva”

César Nombela, científico, comenta la propuesta de Julián Carrón para construir una presencia católica original.

César Nombela es catedrático de microbiología, ha presidido el CSIC y tiene una dilatada carrera científica a sus espaldas. Accede con presteza a comentar a Páginas Digital alguna de las afirmaciones que el pasado 20 de marzo hacía Julián Carrón en el semanario Alfa y Omega.
Carrón aseguraba, entre otras cosas que la situación problemática que se vive  en Italia y España es “ante todo, una circunstancia para una verificación de lo que cada uno de nosotros amamos, y también para desenmascarar la ambigüedad que puede haber en cada circunstancia humana, por su naturaleza limitada”.
Nombela comenta: “el anuncio de la buena nueva que hemos recibido, y que tratamos de encarnar en nuestras vidas, no conlleva ninguna garantía de éxito en lo temporal. La sociedad mediática en la que vivimos, que amplifica la información especialmente en los aspectos más negativos, podría hacernos creer que la extensión del Reino está fracasando. Por el contrario, la propuesta de Julián, de volver la vista hacia todo lo que amamos, se sitúa en la línea del optimismo evangélico, del ‘estad alegres’, en esa confianza que sólo podemos basarla en Él, no en nuestras fuerzas, demasiado limitadas”.
Carrón sostenía también que “en la situación actual, en la que -como hemos visto- no basta la reacción a las provocaciones de los otros, estamos impulsados a descubrir de nuevo la originalidad del cristianismo. Hace falta una presencia original, no reactiva”.
Nombela, después de leer estas frases: “Creo que poco testimonio se puede derivar de una actitud exclusivamente reactiva. El mundo está necesitado de una presencia que sea acción convertida en testimonio, que sólo puede resultar de una vida de fe, alimentada en la oración y que se hace entrega amorosa a cada hombre que viene a este mundo. El testimonio que aquí se nos propone se basa en la dimensión personal de la vida del cristiano, desde la que dar el salto a la dimensión comunitaria. Soy yo quien se tiene que salvar, pero no lo puedo hacer sin los otros. La propuesta ignaciana ‘contemplativos en la acción’ tiene hoy también aspectos aplicables al mundo actual. Me edifica la fe, la confianza y el amor de quienes, como el responsable de Comunión y Liberación, aceptan que pueden, desde la inmensa limitación humana, transmitir el valor del mensaje cristiano en una propuesta de realización de vida”.
El presidente de la fraternidad de Comunión y Liberación retomaba en sus declaraciones a Alfa y Omega afirmaciones de Giussani de 1981: “el cristianismo como presencia estable, consistente, y por tanto capaz de tradere, de tradición, de comunicación, de crear tradición, ya no existe: tiene que renacer. Debe renacer como solicitación a la problemática cotidiana, es decir, a la vida cotidiana”.
Nombela responde, el problema no es ser mayoría o minoría: “quien  sabe que ha encontrado el tesoro, lo que de verdad tiene valor para la vida humana, puede aceptar el estar en minoría. Englobar a todos, en nuestra aspiración de búsqueda de la Verdad, es la forma que tenemos los cristianos de procurar ese renacer que el mundo actual tanto necesita. Cada cual tiene que descubrir su propio carisma, aplicando la lógica racional, descubrir la forma que tiene de contribuir. Sabemos que unos pocos seguidores de Jesús fueron instrumentos para cambiar el mundo; ¿por qué no confiar hoy en la fuerza del Espíritu, si lo que queremos es seguir anunciando a Jesucristo?”.

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“La propuesta de Carrón es lucidísima, también para nuestros curas y obispos”

José Andrés Gallego, historiador, comenta a Páginas Digital las declaraciones del presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación al semanario Alfa y Omega en las que apostaba por una presencia católica original.

El pasado 20 de marzo el semanario Alfa y Omega publicaba una entrevista a Julián Carrón en la que le preguntaban sobre lo que significa para la comunidad cristiana el momento que se está viviendo en Italia y España. Afirmaba que esa situación problemática es, “ante todo, una circunstancia para una verificación de lo que cada uno de nosotros amamos, y también para desenmascarar la ambigüedad que puede haber en cada circunstancia humana, por su naturaleza limitada”. ¿Qué le parece esta afirmación?

No puede ser más lúcida. Lo primero importante no es derribar gobiernos, sino descubrir si me duele o simplemente me molesta tal o cual actitud de un gobernante (y de cualquier otra persona). Y, si me doy cuenta de que ni me molesta ni mucho menos me duele, sino que lo que ocurre es que tengo miedo, o que lo que me duele es el bolsillo –pongo por caso-, sabré algo fundamental sobre mí mismo y podré quitarme la viga que tengo delante de los ojos y que, en otros, no es más que paja. Lo dijo Dios hijo. Si uno mismo se ve indigente, comprende perfectamente la indigencia de los demás, se llamen como se llamen y tengan el cargo y la militancia que tengan.

También se le preguntaba por la respuesta posible, por el modo en el que los católicos pueden construir una presencia. Sostenía que “en la situación actual, en la que -como hemos visto- no basta la reacción a las provocaciones de los otros, estamos impulsados a descubrir de nuevo la originalidad del cristianismo. Hace falta una presencia original, no reactiva. Como cristianos, no hemos sido elegidos para demostrar nuestras capacidades dialécticas o estratégicas, sino únicamente para testimoniar la novedad que la fe ha introducido en el mundo (...). Una fe madura se expresa en obras en las que se expresa el deseo del hombre y, de este modo, ofrece una contribución a la vida social”. ¿Cómo ve esta propuesta de presencia original que se apoya, sobre todo, en el testimonio?
Lo mismo que la anterior: lucidísima. Y ojalá nuestros curas y nuestros obispos sean los primeros en verlo y en llevarlo a la práctica para que nos enteremos todos los que oímos algún sermón en misa. No se trata de ceder ni dejar de cantar las verdades al lucero del alba cuando haga falta. Se trata de darse cuenta –permanentemente- de que lo que importa –aún más que eso- es que cada uno de nosotros (yo, en este caso; no el vecino) sea tan transparente que, a través de mi humanidad, a quien se vea sea a Jesucristo, tal como es él, no tal como lo entiendo yo. Y, si mi transparencia llega al punto de que a mí ni siquiera se me ve, mejor que mejor. Yo le pido a Dios todos los días que no me deje saber si soy eficaz en la ayuda a otros; es lo más sano si uno tiende a ser vanidoso (y yo soy de ésos).

El entrevistador preguntaba si una presencia así basta para afrontar el choque de un mundo que se ha alejado progresivamente de la Iglesia y de la fe. Carrón retoma las palabras que Giussani, fundador del movimiento de Comunión y Liberación, pronunció después de la derrota de los católicos italianos en el referéndum sobre el aborto de 1981: “Éste es un momento en que sería hermoso ser sólo doce en todo el mundo. Es decir, es justamente un momento en el que empezar de nuevo desde el principio, porque nunca ha quedado tan demostrado que la mentalidad común ya no es cristiana. El cristianismo como presencia estable, consistente, y por tanto capaz de tradere , de tradición, de comunicación, de crear tradición, ya no existe: tiene que renacer. Debe renacer como solicitación a la problemática cotidiana, es decir, a la vida cotidiana”.
Exacto. Exactísimo. Ya no existe y no pasa nada porque no exista más que en doce personas que sean, además, doce perdularios, con tal que se dejen hacer transparentes por el Señor de la Historia, que es quien va a arreglar las cosas (no sé cuándo ni cómo, ni le pido que me lo diga). Yo, a mi tajo y a intentar hacer el bien de forma enteramente gratuita y sin excepciones.

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