“Como dice Giussani, aunque sólo seamos doce, la originalidad es volver a los principios”
María del Carmen Bobes Naves, catedrática emérita de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Oviedo, comenta las declaraciones de Carrón a Alfa y Omega.
Carrón, ante la difícil situación que está viviendo la comunidad cristiana en Italia y España, afirma que ésta es “una circunstancia para una verificación de lo que cada uno de nosotros amamos, y también para desenmascarar la ambigüedad que puede haber en cada circunstancia humana, por su naturaleza limitada” .
Las situaciones problemáticas efectivamente desenmascaran las ambigüedades a las que nuestra cultura posmoderna nos arrastra. El “todo vale”, la apatía generalizada para señalar límites entre el bien y el mal, además de acoger los intereses, desdibuja los principios de tal manera que la originalidad de la respuesta está sencillamente en volver a los principios de un sistema moral católico. Mantenerse en los principios resulta original, y a veces heroico, porque supone ir contra corriente y perder el miedo y afirmarse. El Papa Juan Pablo II aludía siempre a la necesidad de no tener miedo.
También se le preguntaba por la respuesta posible, por el modo en el que los católicos pueden construir una presencia. Sostenía que “en la situación actual, en la que -como hemos visto- no basta la reacción a las provocaciones de los otros, estamos impulsados a descubrir de nuevo la originalidad del cristianismo. Hace falta una presencia original, no reactiva. Como cristianos, no hemos sido elegidos para demostrar nuestras capacidades dialécticas o estratégicas, sino únicamente para testimoniar la novedad que la fe ha introducido en el mundo (...). Una fe madura se expresa en obras en las que se encarna el deseo del hombre y, de este modo, ofrece una contribución a la vida social”. ¿Cómo ve esta propuesta de presencia original que se apoya, sobre todo, en el testimonio?
Cuando se tienen claros los principios éticos no es necesario reaccionar con violencia en contra de las provocaciones, aunque psicológicamente esto sea lo más inmediato, casi acto reflejo; la razón siempre tiene más fuerza. Lo original para un cristiano está en la firmeza para argumentar contra las equivocaciones y pedir por los equivocados, sin arrogancia, haciendo ver a dónde conducen los intereses que generalmente se apoyan en esas provocaciones, porque suele ser así. Nunca se presentan las provocaciones como algo malo, se presentan siempre con una cara amable que encubra los intereses latentes, y lo original es mostrar la realidad.
El entrevistador preguntaba si una presencia así basta para afrontar el choque de un mundo que se ha alejado progresivamente de la Iglesia y de la fe. Carrón retoma las palabras que Giussani, fundador del movimiento de Comunión y Liberación, pronunció después de la derrota de los católicos italianos en el referéndum sobre el aborto de 1981: “Éste es un momento en que sería hermoso ser sólo doce en todo el mundo. Es decir, es justamente un momento en el que empezar de nuevo desde el principio, porque nunca ha quedado tan demostrado que la mentalidad común ya no es cristiana. El cristianismo como presencia estable, consistente, y por tanto capaz de tradere , de tradición, de comunicación, de crear tradición, ya no existe: tiene que renacer. Debe renacer como solicitación a la problemática cotidiana, es decir, a la vida cotidiana”.
Es conveniente tomar conciencia de la necesidad inexcusable de volver a los principios, aunque sean pocos los que estén dispuestos a apoyarlos, aunque efectivamente no sean más de doce, como dice Giussani. Sería deseable que la sociedad se concienciase de que no todo vale, de que hay límites, y de que lo heroico no es ganar un partido de tenis o escalar montañas más altas, aunque esto no sea malo en sí, y se celebre más allá de la solidaridad, de la defensa de la vida, de la dignididad del ser humano. Es preciso volver a jerarquizar valores y conductas.
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