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Para el TG2-RAI del martes 18 de noviembre de 2003
don Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación

¡Qué horror!
¡Qué vergüenza!

«Ni el sol ya te alegra,
ni te despierta el amor».

El Llanto antiguo de Carducci custodia el misterio de la muerte en el corazón de nuestra historia. A causa de este misterio, Dante invoca a la Virgen para que la riqueza de una humanidad nueva, a través de su dolor de esposa y de madre, proclame la victoria del bien:
«En ti misericordia, en ti piedad,
en ti magnificencia, en ti se aúna
cuanto es bondad en la criatura».

Así, nos toca en lo más profundo del alma la conmoción por el juicio que ha expresado delante de las cámaras la señora Coletta, esposa del brigada recién fallecido en Nassiriya.
«En ti misericordia», porque el hombre cae sin saber dónde, cómo y cuándo.
«En ti piedad», porque el hombre es débil, contradictorio y mortalmente frágil.
«En ti magnificencia», porque se Te comunica una fuerza victoriosa que arroja luz sobre el destino final.

«Bondad», pues el bien es lo que mueve y a lo que tiende la acción del hombre.
Volvería a brotar el canto de nuestro pueblo si el horizonte de la actividad de la ONU fuera la educación del corazón de la gente, en lugar del enfrentamiento mortal –como favorecen los que deberían aplacarlo– entre musulmanes y herederos de los antiguos pueblos, ya sean hebreos o latinos. ¡Y esto constituiría la verdadera riqueza de la vida de un pueblo!
Si se diera una educación del pueblo, todos vivirían mejor.
El miedo o el desprecio de la Cruz de Cristo jamás proporcionarán la alegría de vivir que se expresa en una fiesta popular o en una reunión familiar.
El testimonio de Dante Alighieri se ha renovado en el dolor de la señora Coletta:
«En ti misericordia, en ti piedad
en ti magnificencia, en ti se aúna
cuanto es bondad en la criatura».

18 de noviembre de 2003

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