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| 28
de agosto de 2004 Mensaje de monseñor Luigi Giussani en la clausura del Meeting Saludo final de don Giussani, leído por Emilia Guarnieri, presidente de la Asociación Meeting Rímini |
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Queridos
amigos:
La intervención del Papa nos refiere en modo sorprendente y ejemplar la fatiga de un trabajo educativo sobre el pueblo de Dios como un amor al hombre, como preocupación de un padre hacia el propio hijo único. Un padre dispuesto a intervenir en toda manifestación social en la que sólo el desamor puede favorecer una desatención peligrosa en sus contrastes inevitables, más o menos borrascosos, y a recordar que en la evolución del tiempo, en cada momento, se respete el proyecto de Otro: como el de un padre y de una madre hacia un hijo. Un proyecto bueno como el que tiende a definir el trabajo supremo de una familia o la edificación de una realidad humana dentro de los atormentados y fatigosos cambios de la historia. Por tanto, no puede haber obediencia que mortifique los fatigosos y, por ello, peligrosos cambios de la historia; lo cual puede darse sólo si se admite un parangón inteligente con el designio que va aconteciendo, como un acto más agudo y potente de los hechos que ya han sucedido, como un juicio sobre las cosas emitido según un punto de vista igual entre Dios y nosotros. Santidad, gracias porque la emoción por usted provocada dice a todo hombre reflexivo que no es inútil aspirar y tender a una presencia. Desde la fuente misma de este Meeting, brota un augurio recíproco con toda la amplitud de nuestro corazón. |
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