don
Luigi Giussani
Avvenire
Milán, 17 de octubre de 2003 |
Con
ocasión
del Jubileo de Juan Pablo II, don Giussani ha escrito esta breve reflexión
para nuestro diario.
«
Nos pusimos juntos, pequeños y grandes, para que todo instante
de nuestra vida fuera verdaderamente nuestro y para siempre. La capacidad
de estar juntos, casi como si fuéramos una sola cosa, es la perspectiva
más alta de nuestra vida: su capacidad eterna. Nos juntamos para
que la forma que debe adquirir todo lo que hacemos sea realmente útil,
hermosa y segura. Por ello, nuestra unidad es divina, es decir, es unidad
con Cristo. La Virgen la protege como hizo con Jesús.
Esta mañana redactando estas pocas líneas para nuestras
comunidades de Puglia que celebran sus treinta años de vida, me
he sorprendido percatándome de que expresan en forma breve, pero
apasionada, todo lo que el movimiento de Comunión y Liberación
ha aprendido del magisterio y del ímpetu misionero de Juan Pablo
II.
La admiración fiel, que colma el corazón de todos, se recoge
en la oración a la Virgen, para que la enseñanza de tan
gran pontífice plasme nuestra expresión en la vida cotidiana:
en nuestra casa, en el lugar de trabajo, ante el mundo entero».
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