Anticipación Huellas, marzo de 2008
Don Giussani
«Sentimos la comunión con su presencia»
Cardenales y Obispos han celebrado más de 250 misas en todo el mundo para recordar al fundator de Cl, tres años después de su fallecimiento. Publicamos algunas partes de sus homilías. Con gratitud de hijos para con los padres que las han pronunciado
Cardenal Dionigi Tettamanzi,
arzobispo de Milán
Queridos, gracias por la invitación que me habéis hecho a estar presente con todos vosotros, en nuestro Duomo, por el tercer aniversario de la muerte de monseñor Luigi Giussani. Lo he aceptado con gusto como Obispo, para expresar el reconocimiento de toda la Iglesia ambrosiana por este sacerdote suyo y para renovar el agradecimiento por cuanto vosotros, de Comunión y Liberación, hacéis y sois en la Iglesia de Milán.
La celebración eucarística de esta tarde es la expresión más significativa y altamente comunitaria de algo que esta dentro de nuestra experiencia cotidiana. Sentimos la comunión con don Giussani: su presencia - invisible sí, pero verdadera y profunda – en nosotros y nuestra presencia hacia él se entrelazan íntimamente y se funden en unidad. És una comunión que contiene el sentido del agradecimiento por los dones de gracia que Dios ha dado a don Giussani y que, a través de él - de su enseñanza, de su testimonio, de su ser sacerdote -, nos ha dado: dones que continúan a sernos ofrecidos, a nosotros, a nuestra Iglesia, a la Iglesia entera. Es una comunión que encierra, además, el sentido de la responsabilidad, en cuanto los dones recibidos por monseñor Giussani - en síntesis su “carisma educativo” - piden ser custodiados y vividos por nosotros hoy. La segunda lectura está tomada de los libros de la sabiduría. Quería releer, en referencia a vuestra experiencia eclesial, el primer versículo del texto citado: «Hijo mío, observa el mandamiento de tu padre, no desprecies la enseñanza de tu madre». Así somos llamados al gran significado de la “tradición”, a la ardua tarea de la transmisión de los valores, y más concretamente a la enseñanza y a la obra educativa que han marcado en continuidad y en profundidad la pasión y la acción de don Giussani durante toda su vida. La expresión de «mandamiento del padre» y de « enseñanza de tu madre » nos hace pensar a la singular riqueza de paternidad y de maternidad de don Giussani, especialmente en el ejercicio de su ministerio y en los gestos más sencillos y más extraordinarios de su vida. Muchos de vosotros han tenido la gracia de conocerlo personalmente; otros no, y, con el pasar del tiempo, así tantos otros. Pero quien ha tenido esta gracia tiene un deber hacia los nuevos: el de dar a conocer el significado de la vida y de la misión de don Giussani, su corazón, sus proyectos, sus sueños, su amor por Cristo, por la Iglesia, por Maria, por el hombre, por los jóvenes, por la libertad, por la verdad, por la belleza.
Cardenal Camillo Ruini,
vicario de su Santidad
para la Diócesis de Roma
El tiempo pasa rápidamente, pero la memoria no se debilita y non pierde color la fuerza de una presencia que está más viva que nunca. Monseñor Giussani, en el misterio del amor de Dios, está de hecho con nosotros y entre nosotros. Está con nosotros con aquella pasión por Cristo que ha cautivado, animado y guiado toda su vida. La pasión por Cristo en don Giussani siempre ha sido, sin la mínima discontinuidad, pasión por la Iglesia, adhesión a la Iglesia, vida en la Iglesia y por la Iglesia. Para él, el encuentro con Cristo ha sido siempre una cosa muy concreta: el encuentro y la comunión con la compañía segura de los discípulos del Señor, en los cuales, Cristo mismo, el Resucitado, el Señor de la vida y de la historia, está presente, actúa y vive. El deseo que ha incendiado su vida fue, simplemente, no guardarse esta fe, sino compartirla con todos, para que cada uno pueda encontrar en ella el sentido de su existencia y su propio destino. Don Giussani ha sido sobretodo un extraordinario educador, un sacerdote educador. La inteligencia extraordinariamente abierta y penetrante de don Giussani ha sido una inteligencia íntimamente realista, llevada a entender y a plasmar la realidad concreta. Esta inteligencia ha sabido recoger enseguida, incluso con anticipación, el signo de los tiempos, el verdadero, y por ello ha sido capaz de intervenir rápida y eficazmente para hacer presente en las situaciones incluso las más nuevas y difíciles el testimonio cristiano.
Ésta es una característica, que la gran familia espiritual nacida del carisma de este sacerdote ha sabido hasta ahora conservar y está llamada a mantenerla íntegra en el futuro, para rendir a Cristo, a la humanidad y a la Iglesia aquel servicio que es su vocación específica.
Cardenal Angelo Bagnasco,
arzobispo de Génova,
presidente Cei
Porque el cielo es nuestra patria, podemos mirar y abrazar la tierra con grande pasión y amor, podemos dedicarnos a las responsabilidades del tiempo, mirando al cielo. Aquel cielo que don Giussani ya ha alcanzado y que nosotros recordamos y por el cual pedimos sabiendo que él intercede por nosotros ante el trono de Dios con un amor, una oración, una ayuda y una guía aun mayores que antes, en esa realidad de profunda comunión y amor recíproco entorno a Cristo y de Cristo, que es el alma de la Iglesia. Pedimos por él y pedimos con él en un momento especialmente bello, denso de nuestra historia, que miramos con simpatía y gran pasión e inteligencia de fe. Denso, bello, difícil, porque, a pesar de las contradicciones, a pesar de las incoherencias, los desafíos que todos nosotros conocemos, este momento recoge oportunidades, promesas, semillas, impulsos, exigencias, que son extraordinarias para el Evangelio, para la Iglesia. En especial, señalo dos. La primera. Nosotros vemos a nuestro alrededor una capacidad y unas ganas de pensar, de tomar conciencia de los hechos, de la historia, de la fe, de los desafíos, de las urgencias, de la propia identidad, de la propia colocación en el tiempo, en el mundo, en la Iglesia, que quizá tienen algo de inédito. Un despertar de la conciencia, esa conciencia que a una cierta corriente de pensamiento le gustaría ver dormida. Una segunda gran necesidad, que estoy seguro que también vosotros veis, y que don Giussani ha visto en un contexto relativamente lejano en el tempo, en los años: es la emergencia educativa. Existe una gran exigencia educativa que nosotros, come creyentes, con humildad, pero con la inteligencia de la fe, queremos descifrar, traducir, porque sabemos muy bien que cualquier sombra, sobretodo en el mundo de los jóvenes, cualquier oscuridad, incluso la más feroz, la más violenta, y la más despreciable, cualquier oscuridad es siempre una petición de ayuda, sobretodo de educación, que significa que alguien ayude a descubrir, que alguien con autoridad, de forma luminosa, afectiva y verdadera, indique el sentido de las cosas, ayude a distinguir lo que es la sustancia de lo que es sólo aparente. Si éste es el reto fundamental, y también la petición que nos llega de innumerables partes, y que llama al corazón de la Iglesia y nuestro corazón, por otra parte encontramos a Aquel, el Único en la historia que ha, revelado el rostro verdadero y completo del hombre -Ecce homo -: Jesús.
Cardenal Carlo Caffarra,
arzobispo de Bolonia
Queridos amigos de Comunión y Liberación, habéis pedido celebrar estos divinos Misterios para recordar al sacerdote monseñor Luigi Giussani, padre en Cristo de muchos de vosotros. La página evangélica ilumina de forma singular su experiencia sacerdotal y su carisma. Lo que lo caracteriza, lo constituye, por decir así, es el haber hecho resonar en nuestros oídos, al mundo y también dentro de la Iglesia, la confesión de Pedro como constatación siempre renovada de un hecho que, si bien imprevisible, ha sucedido realmente: Dios en Jesús se ha hecho compañero de cada hombre, y esta compañía de Dios con el hombre es la Iglesia. En ella todo hombre encuentra la posibilidad de realizarse según la medida de su deseo. Queridos amigos, cuando pienso en monseñor Giussani, lo veo muy a menudo arrodillado frente al Papa, en la plaza San Pedro. Había hablado del hombre mendicante de Cristo. He aquí la conclusión de una vida que ha vivido el Misterio que hoy celebramos: el estar de rodillas frente a Pedro porque ve en él la presencia de Cristo. Amadla así, queridos míos, a la Iglesia; amadla con este afecto profundo hacia el Papa.
Cardenal Pedro
Rubiano Sáenz,
arzobispo de Bogotá
Demos gracias a Dios por este camino, porque muchísimas personas, a través de don Giussani, han podido encontrar al Señor. Don Giussani ha dado testimonio de Él con su vida y con su amor. Ha sido un ejemplo que todos podemos seguir, porque nos motiva a vivir la secuela del Señor y a hacer su voluntad. Nosotros también , como don Giussani, debemos testimoniarlo con la vida, cumpliendo su voluntad en las diversas circunstancias, en casa, en el trabajo, cuando hacemos todo, con rectitud y abnegación. La Iglesia reconoce a aquellos que come él han sido testimonios verdaderos del Señor, del amor a los hombres, de virtud verdadera. Intentemos nosotros también imitarlo. Los santos en la Iglesia son aquellos que cumplen la voluntad de Dios. Pedimos que aquellos que han conocido su vida y su testimonio asuman el mismo empeño por la Iglesia. Pedimos el poder participar del mismo amor y de la misericordia de Dios que ahora don Giussani está viviendo en la casa del Padre. Don Giussani ha sido el camino que nos ha sido dado para encontrar a Jesús: pidamos ser fieles a este camino.
Monseñor Javier
Martínez Fernández,
arzobispo de Granada
La experiencia de Comunión y Liberación ayuda a superar ciertas perplejidades o ciertas aporías vinculadas al cristianismo de la Modernidad. En la experiencia, en la palabra y en la enseñanza de D. Luigi Giussani, uno aprende a reconocer que lo religioso no es ni más ni menos que un cierto espesor de las cosas de la vida, de las relaciones humanas, de la realidad misma del trabajo… absolutamente todo. Porque donde uno vive, si uno aprende a mirar con fe, si uno aprende a mirar desde Cristo y en función de Cristo, uno puede percibir los signos, las huellas de la presencia de Cristo en la realidad física, en el mundo de las cosas materiales, pero sobre todo en el corazón del hombre, en la vida humana, en la existencia humana, en la que uno puede reconocer siempre la belleza de la imagen de Dios. Y la misión cristiana consiste en algo tan sencillo como recomponer esa imagen, o como poder recuperar la percepción y la mirada y el afecto a esa imagen. Extraordinariamente vinculado a este aspecto estaría otro que para mí ha sido muy determinante, y que resumo en una frase de un prólogo que D. Giussani escribió para un libro que contenía relatos de vidas de santos. Y esa frase que aparecía al principio del prólogo decía sencillamente: «El santo es el hombre verdadero».
Monseñor Joseph
Misue Atsumi,
obispo de Hiroshima
Estamos aquí para celebrar la misa en el tercer aniversario de la muerte de don Giussani y del 26° del reconocimiento pontificio de la Fraternidad de Comunión y Liberación. Don Giussani ha dado su fuerza para conducir a la gente, especialmente a los jóvenes, a la verdadera fe. Ahora el movimiento está presente en más de 70 países del mundo. No creo que haya buscado su propia reputación, el propio poder o los bienes, sino que ha dado toda su vida sólo por Cristo. Mirando su vida podemos imaginar quién es un santo. Un día será santo. Si vivimos como él, también nosotros tenemos la posibilidad de ser santos. Uniéndonos a su persona le pedimos una ayuda para que podamos caminar por este camino.
Don John Finlayson,
vicario general
de Johannesburg
Sí, nosotros escuchamos lo que dices, don Giussani, lo escuchamos, comprendemos lo que dices, en qué dirección estás andando y qué deseas realizar en la Iglesia y en el mundo, y lo apreciamos. Damos gracias a Dios por este hombre, damos gracias a Dios porque hace crecer hombres como él. Hombres y mujeres como él que continúan a tomar en serio el Evangelio y buscan nuevas formas para llevar el Evangelio a la vida de las personas, de forma que responder a las palabras de Jesús, su comprensión de la fe, su fe, esperanza y caridad no son sólo algo exterior. No es algo que mostramos por amor a las apariencias, sino algo que nos constituye realmente. Constituye nuestro ser y todas nuestras energías. Esto es lo que don Giussani intentaba y ha querido transmitir.
Cardenal Jean-Claude
Turcotte,
arzobispo de Montréal
En el mensaje de pésame que envió en ocasión de los funerales de don Giussani, Juan Pablo II escribió que: «Su entera acción apostólica se podría resumir en la invitación franca y decidida, que él sabía dirigir a los que se le acercaban, a un encuentro personal con Cristo, plena y definitiva respuesta a las exigencias más profundas del corazón humano». Encuentro personal con Cristo. Es esto lo que han vivido los apóstoles, siendo así transformados. Es éste el origen de la vocación del apóstol Pablo, que después pudo escribir: «Para mí, vivir es Cristo». Es ésta la base de la vida de todos aquellos, mujeres y hombres que han alcanzado la santidad. Antes que ser una doctrina, el cristianismo es un camino de encuentro con Cristo. Antes que ser una institución que conserva devotamente la fe recibida de los apóstoles y que custodia su transmisión hasta el fin de los tiempos, la Iglesia debe ser una casa acogedora en la que sea posible encontrar a Cristo.
Monseñor Paolo Pezzi,
arzobispo de la Madre
de Dios en Moscú
Desde hace tres años nos encontramos para el aniversario de la muerte de don Giussani y desde más de veinte años celebramos el reconocimiento de la Fraternidad por la Santa Sede. ¿Porqué lo hacemos? Porque ésta es nuestra fe, que es reconocer la presencia de Cristo, fundada en el Bautismo. Para nosotros la realidad excepcional de la comunidad cristiana está directamente vinculada a ese hombre y a todo lo que ha nacido de él y de su carisma. Esto es concretísimo, aunque algunos de nosotros nunca hayan conocido personalmente a don Giussani. Nos encontramos para testimoniarnos unos a otros con gratitud esa grandeza de humanidad que Dios ha manifestado y manifiesta en nosotros y con nosotros. Nuestra esperanza nos dice que somos responsables del Bautismo con el que hemos sido bautizados, del encuentro que hemos vivido. De nuestra comunión nace la liberación, de nuestra fraternidad, de la comunión fraterna viene la fuerza para levantarse cada mañana y afrontar la realidad, llevando al mundo lo que por gracia nos ha acontecido a nosotros.
Don Brian O’Loughlin,
vicario general de Perth
Estamos reunidos hoy en unión espiritual con todos los amigos de Comunión y Liberación del mundo para pedir que Dios continúe a bendecir el carisma de don Giussani que nos anima. Este momento también se nos da para reflexionar sobre el carisma de don Giussani, y en particular sobre la belleza de Dios, la belleza de nuestros amigos en el movimiento y la belleza que en muchas formas nos circunda. El movimiento de Comunión y Liberación nos recuerda, a través del trabajo de la escuela de comunidad y la revista Traces, que Cristo es la belleza de Dios hecha manifiesta, para que todos puedan ver esta misma belleza en los amigos y en todos.
Monseñor Maroun
Lahham,
obispo de Túnez
Esta tarde ofrecemos la misa por don Giussani, fundador de la Fraternidad de Comunión y Liberación y de los Memores Domini, que desde hace años están al servicio de nuestra Iglesia. Es también una ocasión para unir esta presencia al año pastoral que estamos viviendo, el año de los laicos, ya que la Fraternidad es un movimiento de laicos. En uno de sus escritos, don Giussani dice que los laicos son todos los hombres que trabajan en el mundo y que son llamados a tomar conciencia de su propio destino. Pero para un laico cristiano, este destino se ha manifestado en la persona de Jesús. Un laico cristiano que quiere seguir a Cristo tiene que poner toda su vida al servicio de la alabanza y de la gloria de Cristo, reconocido como sentido último de la existencia y de la historia. Este laico, escribe don Giussani, puede ser un santo, es decir, un pecador que reconoce los límites de su propia humanidad frente a Dios y a los hombres, o un sujeto autónomo que se siente dueño de sí mismo y medida de todas las cosas. Para nosotros la solución razonable es la primera: fundar nuestra vida sobre lo que es verdadero, bueno y bello.
Cardenal Serafim
Fernandes de Araújo,
Arzobispo emérito
de Belo Horizonte
Hoy celebramos el tercer aniversario de la muerte – me gustaría decir de la ascensión al cielo – del amado fundador de Comunión y Liberación. ¡Cómo ha marcado a la Iglesia, este hombre! Después de haber organizado la celebración, qué feliz estoy de poder crear un vínculo dentro de mí, como alguien que ve y escucha muy claramente a un pueblo, lo que está sucediendo hoy en el mundo y, sobretodo, vosotros de la fraternidad: personas serias y disponibles, cristianas. Con el pasar del tiempo esto se ha confirmado. Cada uno de vosotros es un diseño del Padre. Incluidos los desafíos. Por esto puedo garantizar que hoy es un día en el que expresar agradecimiento, es un día de alabanza, para decir a Dios: «Te doy gracias por haberme puesto en el camino de Comunión y Liberación».
Monseñor Celestino
Migliore,
observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas en Nueva York
Don Giussani era un sacerdote que recibió un don especial de luz, de sabiduría y de compromiso, para que pudiese ponerlo al servicio de la Iglesia. Las lecturas nos ayudan a reflexionar sobre nuestra pertenencia a la Iglesia y sobre la fidelidad al carisma. El anuncio que nos libra del temor de la muerte, que reconcilia a los enemigos y libera a los prisioneros, genera también envidia, odio y injusticia «…el amor de muchos se enfriará» (Mt 24,12). ¿Porqué debemos pensar en estas palabras mientras estamos reunidos para celebrar la memoria de don Giussani? Porque Comunión y Liberación es parte de la Iglesia. Estas palabras de Jesús tienen la intención de preparar a la Iglesia a vivir bien el tiempo después de su retorno al Padre. Este destino ha tocado y continúa tocar a la Iglesia hoy, y toca también Comunión y Liberación. El aniversario de don Giussani os llama a revivificar su carisma en vuestras comunidades y en la Iglesia. Las palabras de un amor que se enfría quedan superadas por el Evangelio de Jesús y el testimonio de don Giussani que nos confortará frente a esta prueba. Durante esta misa agradecemos al Señor por habernos donado a don Giussani: por el carisma que a él se le ha confiado, y a través de él a todos nosotros. Pedimos que nos sean dadas luz y alegría para que el carisma de don Giussani pueda dar fruto.
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