BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 26 de marzo de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, la liturgia del tiempo pascual canta la certeza y la alegría
de la resurrección de Cristo, que constituye la verdad central de la fe
cristiana. En efecto, en la Iglesia todo se comprende a partir de este gran
misterio, que ha cambiado el curso de la historia y que se hace actual en cada
celebración eucarística. En la muerte del Señor vemos el inmenso amor con que
nos ha amado, pero sólo la resurrección es prueba segura de la verdad de todo lo
que Él ha enseñado. Es importante afirmar de nuevo esta realidad fundamental de
nuestra fe, porque la adhesión a Cristo muerto y resucitado cambia la vida de
las personas y da valor y fortaleza al testimonio de los creyentes.
Especialmente en esta Octava de Pascua, la liturgia nos invita a encontrar
personalmente al Resucitado y a reconocer su acción vivificadora. También
nosotros, como los dos discípulos que iban camino de Emaus, podemos encontrar a
Cristo en la celebración de la Eucaristía, en la cual Él se nos da en la mesa de
la Palabra anunciada y del Pan y el Vino consagrados. Cada domingo la comunidad
revive así la Pascua del Señor y recibe del Salvador su testamento de amor y de
servicio fraterno.
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Editrice Vaticana
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