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Antonio Cañizares*
Testigo de lo que ha sucedido
La Razón, 18.2.2009


Sustituyendo la fe por el moralismo, el creer por el hacer, se cae en los particularismos

El cristianismo no es una colección de prohibiciones: es una elección positiva». (Benedicto XVI) ¡Una respuesta a una vocación: la de Dios que es «sí» a su voluntad, y así al hombre, a la verdad, a la vida, al amor. De esta manera no cae en el conformismo que se arrodilla ante el mundo». (J. Maritain). Éste es el caso de Don Luigi Giussani, muerto hace ahora cuatro años, fundador del Movimiento Comunión y Liberación»; un coloso del espíritu y gran testigo de Jesucristo. Singularmente entre los jóvenes y en el ámbito de la cultura; un hombre de ardiente fe y defensor de la razón del hombre, maestro de humanidad y defensor de la religiosidad inscrita en el corazón humano. Tiempos necesitados de una libertad que nace de la verdad y de un sentido que da razón y esperanza para vivir, y que reclaman una vuelta a aquello que es esencial y muestra dónde se juega la suerte del hombre. El futuro de la humanidad por encima de todo. «Giussani mantuvo siempre la mirada de su vida y de su corazón orientada hacia Cristo. Comprendió que el cristianismo no es un sistema intelectual, un conjunto de dogmas, un moralismo, sino un encuentro, una historia de amor, un acontecimiento». (J. Ratzinger). Este encuentro personal con Cristo se vive en la densidad y espesor de la historia de la vida cotidiana, de la experiencia concreta. El encuentro con Cristo hace que algo suceda en la vida del hombre, que se haga acontecimiento de la propia historia personal capaz de marcarla en su extensión, que la cautive por completo en una vida cambiada e iluminada por Él. El encuentro personal con Cristo no le deja a uno como estaba. Le afecta por completo, le transforma y se hace vida en él: acontecimiento mismo de Cristo vivido en persona, hecho historia y suceso personal. Quien vive este encuentro, se convierte en testigo de lo que le ha sucedido, de lo que Cristo ha hecho en él, muestra que su vida está en Cristo, que todo es Cristo y lo demás es perder el tiempo. Don «Gius» nos señala hoy dónde está el norte, el programa y el camino: en Cristo. Ante las grandes urgencias mundiales y y nuestras del momento de tipo político, social, económico, cultural, etc., podemos tener la gran tentación de decir: «Ahora, por el momento, debemos prescindir de Cristo, debemos prescindir de Dios, porque hay cosas mucho más urgentes; hemos de comenzar por cambiar las estructuras, las cosas externas; debemos primero mejorar la tierra, después podremos recuperar también el cielo. Ésa es la gran tentación: transformar el cristianismo en un moralismo, el moralismo en una política; sustituir el creer por el hacer. Porque, ¿qué implica creer? Se puede decir: en este momento es preciso hacer algo. Y sin embargo, haciendo así, sustituyendo la fe por el moralismo, el creer por el hacer, se cae en los particularismos, se pierden sobre todo los criterios y las orientaciones. Y al final no se construye, sino que se divide. Monseñor Giussani, con su fe impertérrita e indefectible, supo que, incluso en esta situación, Cristo, el encuentro con Él, sigue siendo central, porque quien no da a Dios, quien no hace encontrar a Dios en el rostro de Cristo, no construye, sino que destruye, porque hace que la acción humana se pierda en dogmatismos ideológicos y falsos. Don Giussani conservó la centralidad de Cristo y justamente así ayudó a la humanidad con obras sociales, con el servicio necesario, en este mundo difícil en el que la responsabilidad de los cristianos hacia los pobres del mundo es inmensa y urgente». (J. Ratzinger). Esto es lo fundamental y primero.

* Arzobispo de Toledo


(palabras en italiano)
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