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El cristianismo, la vía del futuro
Entrevista al cardenal Christoph Schönborn


El cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena lanza en esta entrevista un gran desafío: vivir la fe cristiana como «alternativa». En un ambiente secularizado, es necesario «ofrecer la fe como auténtica alternativa para la sociedad actual».
Pensando en la inminente visita del Benedicto XVI a Viena, Mariazell y Heiligenkreuz (7-9 septiembre), el presidente de la Conferencia Episcopal Austriaca ha concedido una entrevista a Zenit sobre el ministerio petrino y el lado humano del Papa, sobre la importancia vital de familias numerosas para el futuro de Austria y Europa, así como sobre la presencia de Jesús en los cristianos.
«Cuando habla el Papa Benedicto, es necesario estar muy atentos, porque lo que tiene que decir es siempre muy claro... Yo no sé lo que nos dirá. Está bien abrirse a sus palabras».

La visita del Papa Benedicto XVI está en boca de todos. Pero ¿quién es verdaderamente el Santo Padre?
Cardenal Schönborn: Es muy sencillo. Es el sucesor del apóstol Pedro y por ello, para nosotros, es el vicario de Cristo, el representante del Señor aquí en la tierra, en la Iglesia visible. Esto es. Es algo a la vez inconcebible e inmenso, pero este es a fin de cuentas el secreto del ministerio petrino. Para quien quiera que lo ejerza, ser de un determinado país o tener uno u otro idioma, es importante pero secundario. Él es antes que nada para nosotros, según la fe de la Iglesia, sencillamente Pedro entre nosotros, con toda la profundidad, la grandeza y la fuerza de lo que Jesús profetizó a Pedro, del ministerio que le confió, ministerio que sigue existiendo, más allá de la figura histórica de Pedro.

¿Cómo son sus encuentros con el Santo Padre?
Muy normales. Es una persona a la que conozco desde hace 35 años, con quien he estudiado y he podido colaborar durante muchos años; una persona que con el transcurrir de los años he aprendido a conocer y a estimar profundamente, con gran veneración y admiración. Pero el 19 de abril de 2005 sucedió en su vida y en nuestra vida mucho más: fue elegido sucesor de Pedro.
Esta es naturalmente una dimensión nueva, que es constante también en los encuentros con él. Es el hombre, el maestro y el cardenal que conozco bien y desde hace tantos años y, al mismo tiempo, es Pedro.

Usted conoce a Joseph Ratzinger/Benedicto XVI desde hace mucho tiempo e incluso presentó en Roma su libro sobre Jesús. ¿Cuáles son sus rasgos como persona?
Podría decir muchas cosas. En sus memorias, ha escrito muy modestamente, pero también acertadamente sobre su vida. Es muy sobrio en la manifestación de su vida privada. No habla mucho de su vida, pero se nota la profunda raíz cristiana en ella. Se ve que proviene de una familia forjada profundamente en la fe, una familia unida en la fe y en el amor.
Tuve la ocasión de conocer bien a su hermana Maria, fallecida de manera repentina el 2 de noviembre de 1991. Los tres hermanos estaban muy unidos y debieron tener unos padres que les forjaron profundamente.

¿Quién es el Papa a partir de su historia personal?

Es un teólogo especialmente dotado e inteligente. No dudo en decir que es el último de los grandes teólogos de la generación del Concilio --De Lubac, Congar, Rahner, Balthasar--. Es el más joven del amplio abanico de teólogos que marcaron el Vaticano II y es ciertamente uno de los grandes por su capacidad espiritual y teológica.

Durante su audiencia con Benedicto XVI en Castel Gandolfo, ultimaron detalles del programa de su inminente visita a Austria. ¿Qué espera el Santo Padre de ella?
Nos lo hará saber y considero que es bueno. Cuando el Papa Benedicto habla, hay que estar muy atentos porque lo que tiene que decir es siempre muy claro, importante, incisivo, personal y fascinante. No sé lo que nos dirá y es bueno estar abiertos a ello.
Lo que puedo decir con seguridad es que recibiremos material suficiente para ulteriores meditaciones.

¿Qué tipo de Iglesia encontrará el Papa? ¿Cuál es en su opinión la situación de la Iglesia en Austria?
De la situación de la Iglesia, sólo puede hablar, a fin de cuentas, Nuestro Señor, porque la fe se dirige a Él, y en este sentido es también un misterio de los corazones en su relación con Dios. Esto no lo puede cuantificar ninguna estadística. Pero naturalmente vivimos en un tiempo en el que la sociología religiosa, la psicología de la religión, la estadística, desempeñan un papel importante y por ello se estudia siempre cómo presentar la religión a los jóvenes, a la generación intermedia y a los ancianos.
Ciertamente, entre hoy y, digamos, los años cincuenta del siglo pasado, ha habido un gran cambio. Pero no sólo en la Iglesia, sino también en la sociedad.
Querría citar sólo un ejemplo: en nuestra diócesis tenemos una zona rural y una zona urbana, la gran ciudad de Viena; y luego las zonas en torno a la ciudad que pertenecen a la diócesis de Viena. Hace cincuenta años, estas zonas eran terrenos agrícolas, hoy en su mayor parte pertenecen a la periferia de Viena. Esto supone naturalmente un cambio radical, ligado a la vida profesional, social y familiar de muchas personas. La clase campesina ha disminuido mucho. Esto repercute también en la actitud religiosa.
Considero que el desafío hoy, en una sociedad muy secularizada, es vivir el cristianismo, la fe cristiana casi como una alternativa, una sociedad de contraste.

El lema de la visita del Papa es «Volver la mirada a Cristo». ¿En qué ámbitos Cristo debería estar más presente?
Pienso que la presencia de Cristo entre nosotros no es más débil que antes; quizá hoy es más anónima, menos consciente. Pero hay principalmente tres ámbitos en los que sentimos viva la presencia de Cristo. Sobre todo su Palabra.
No en vano el Papa Benedicto ha escrito un libro sobre Jesús que, sobre todo, se orienta hacia la palabra de Jesús, su predicación, su enseñanza.
Encontramos a Cristo en su Palabra. Por ello abrir las fuentes de la Sagrada Escritura a cuantas más personas sea posible es uno de los mayores deseos del Papa Benedicto XVI. Por ello ha dedicado a este tema también el próximo Sínodo Episcopal que tratará sobre la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia.
La segunda presencia de Cristo se encuentra en el sacramento, en los símbolos que Cristo nos ha dado para entrar en contacto con Él. El bautismo y la confirmación o unción del Espíritu Santo; hay sacramentos en el curso de la vida: matrimonio y orden; y hay sacramentos de la curación, de la curación del alma, la confesión, y de la curación física de los enfermos. Y todo esto confluye en el gran Sacramento de su presencia real en la Eucaristía.
Esta corona de sacramentos es por ello tan importante y tan incisiva para la vida de la fe, en cuanto que toca cada aspecto de la vida, cada giro y cada etapa de la vida y nos pone en relación con Cristo.
Y la tercera forma de encuentro con Cristo --«Volver la mirada a Cristo»-- es el encuentro con Cristo en los pobres, en los que está especialmente presente; con los que Él se identifica expresamente: «Estaba enfermo y me has ayudado. Estaba en la cárcel y me has visitado. Estaba desnudo y me has vestido; hambriento y me has alimentado…». Cristo se identifica con los pobres, con los que sufren y por ello nosotros le encontramos especialmente en ellos.
El Papa llamará nuestra atención cuando nos diga que debemos volver la mirada hacia Dios.

El Santo Padre no viene en primer lugar a Austria sino que realiza una peregrinación al santuario mariano de Mariazell. ¿Qué importancia tiene María en la vida cristiana?
El lema «Volver la mirada hacia Cristo» está en efecto inspirado profundamente por Mariazell. Si se observa la graciosa imagen de Mariazell, la pequeña escultura de madera de tilo que tiene 850 años de antigüedad, sin vestimentas festivas, sin los vestidos lujosos que tiene habitualmente, se ve una sencilla figura de esta sonriente misteriosa madre de Dios y, en su seno, un niño con una manzana en la mano, el símbolo del reino del poder divino. Y María señala claramente con la mano al niño. Esto significa que Ella nos dice lo que dijo en Caná: «Haced lo que Él os diga», y nos enseña a mirar a Cristo.
Nos mira pero señala a Cristo. En cierto sentido, nos llama: «Miradle a él, mirad a mi hijo». Y pienso que este es el lema que eligió el Papa Juan Pablo II durante toda su vida y especialmente durante su papado. El «Totus tuus» es: «A Cristo a través de María». Ella nos indica el camino. Por ello, iniciamos la peregrinación del Santo Padre, y con el Santo Padre, a Mariazell, en la plaza ante la columna de María.
El 8 de diciembre de 2006, fiesta de la Inmaculada, iniciamos la gran novena que nos acompaña y prepara hasta el 8 de septiembre, la fiesta de Mariazell y la visita del Santo Padre.

Recientemente usted aludió a la escasez de niños como un problema de Austria. ¿Cómo podría la sociedad favorecer más a la infancia?
Es sobre todo el problema enorme de una sociedad que compromete su futuro, por tener demasiados pocos niños. Lo sabemos bien: casi toda Europa debe afrontar el problema del descenso de una población, que es compensado gracias a una fuerte inmigración.
Es una decisión que compete a toda la sociedad, que debe afrontar ya hoy el problema «No hay futuro».
¿Por qué hemos llegado a este punto, justamente cuando en Austria se dan medidas de apoyo a las familias como nunca habían existido en este país? En ningún momento de la historia ha habido una carencia de normas como la de hoy. Y a pesar de ello antes la familias tenían muchos más hijos que hoy.
Ciertamente el drama del aborto desempeña un papel importante. Pero a ello se añade el hecho de no querer niños, el «no» a los niños, con la contracepción.
En los últimos cuarenta años, Europa ha dicho tres veces «no» a su futuro: la primera vez, con la píldora; la segunda, con el aborto; y la tercera, con el matrimonio homosexual. Y yo añado: prescindiendo del juicio moral de todos estos fenómenos, es sencillamente, de hecho, un «no» al futuro.
El «sí» al futuro puede sólo significar: «sí» a los niños. Y pienso que se está iniciando gradualmente, en muchas personas de Europa, la conciencia de que se necesita una decisión. Y el «sí» al futuro es ya algo hermoso, si se tiene esperanza en el futuro.

En la archidiócesis de Colonia, existe desde hace tiempo un «Centro Familiar». ¿Cuáles son las iniciativas concretas en la archidiócesis de Viena para el apoyo a las familias?
Naturalmente existen muchas iniciativas a favor de las familias, como por ejemplo la asociación de las familias o la obra familiar. Varios movimientos religiosos tienen organizaciones familiares, como el movimiento Schönstatt. Todos los movimientos religiosos de renovación se dirigen también con fuerza a las familias. Pero creo que se trata de otra cosa. Se trata de ver.
Jesús dijo a los discípulos: «¡Venid y ved!». Hay que ver, hay que poder tocar, si no, no se vive.
He pasado unos días de mis vacaciones con una joven familia que acaba de tener el sexto hijo. Naturalmente es una vida que implica muchas renuncias, pero es una vida incomparablemente más vital de lo que sucede si se tiene miedo de cada nueva vida. Pienso que hace falta la vivencia de este tipo de familias, que conscientemente dicen «sí», aunque esto comporta enormes resistencias por parte de su ambiente --«¡Estáis locos! ¿Pero no tenéis cuidado?»- y que con la vida dan testimonio de que es bello, que es un bien tener niños.
Naturalmente cuesta. Pero es gratificante. Y pienso que la vida de estas familias anima a otras a intentar experiencias semejantes. Y curiosamente no se trata de un problema de posibilidades económicas.
Naturalmente, es difícil con seis niños. Pero gracias a Dios en Austria hay un buen apoyo a las familias. Algunas cosas podrían ir mejor, de modo más constructivo, pero es fundamental vivirlo y hacerlo posible para los otros. «¡Venid y ved».
Yo lo observo en muchas familias jóvenes que tienen tres, cuatro, cinco, seis y más niños. Y la impresión que da es que aquí está el futuro, aquí está la esperanza, aquí está la vida. Esta es la postura de la que vive la sociedad: solidaridad, respeto y ayuda recíprocos: la lógica experiencia de que hay que renunciar a algo.
Estos son los valores de los que tenemos absolutamente necesidad para que una sociedad sea una sociedad digna de vida y amor. Allí es donde los encontramos, donde aprendemos. Y pobre de una sociedad en la que estos valores se pierden porque será una sociedad mala, despiadada.

¿Qué espera de la visita del Papa?
Confirmación en la fe, alegría en la fe, impulso para recorrer el camino de la fe, con la Iglesia y en la Iglesia, y no en un sendero que se construye solos.

(palabras en italiano)
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